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Entre VHS y recuerdos: la historia del videoclub TIME

Antes de internet y el streaming, arrendar películas era una de las principales formas de entretenimiento familiar en Curacaví. Los fines de semana, los vecinos recorrían los estantes de los videoclubs en busca del estreno de la semana, se recomendaban títulos entre amigos y esperaban ansiosos por llevarse a casa un VHS. Uno de esos lugares emblemáticos fue el videoclub TIME, donde trabajó Alexis Pasten en 1994.

“Tengo 55 años y trabajé en el videoclub TIME en el 94. Yo venía de Santiago, lo más parecido que conocía en ese tiempo era Errol’s, que después pasaron a llamarse Blockbuster, que había algunos en Santiago, había uno en La Reina, en Ñuñoa y uno en Providencia, así que ya conocía más o menos el tema, el sistema de cómo se arrendaban las películas”.

En ese tiempo, el arriendo era completamente manual. “No había sistema computacional en ese tiempo a una escala de un negocio menor, entonces, era todo con tarjeta, de esas tipo Kardex y tú anotabas ahí a la persona, le pedías su carnet, anotabas el número, ni siquiera podías sacar una referencia de nada. Era solamente la dirección que te daba, su nombre, su carnet y nada más. Solo la confianza que se generaba en el pueblo más que nada”.

El catálogo de películas era variado y se adaptaba a todos los gustos. “Me acuerdo que en esos tiempos las películas eran vendidas por Video Chile, que eran todas las películas autorizadas. Después con el tiempo fueron apareciendo otras compañías que vendían las películas, ponte tú, las de vaqueros, mexicanas y con el pasar de los años llegaron películas más eróticas que eran de softcore, las tenía una empresa autorizada para poder vender películas que después se arrendaban”.

Entre los títulos más populares, Alexis recuerda varios estrenos que marcaron la década. “Me acuerdo que ese año hubieron varias películas famosas, creo que fue Jurassic Park una de ellas, como las más arrendadas, Perfume de mujer, varias románticas con Richard Gere, que ya no me acuerdo cuáles eran. Después vino La lista de Schindler que llamaba la atención porque era doble casete en VHS y las películas de Disney, que esas había que reponerlas cada cierto tiempo porque la cinta ya no daba más: El libro de la selva, La Cenicienta, Blancanieves, todas esas películas de Disney antes de Toy Story y de Moana y todo lo que se ve ahora que es como lo más famoso de Disney”.

Parte del trabajo de Alexis consistía en ver muchas películas para poder recomendarlas a los clientes. “Yo vi hartas películas para poder recomendarlas. Yo creo que me veía unas tres películas diarias o sino más porque tenía que recomendar y la verdad es que yo soy muy subjetivo. No iba a mentir para poder arrendar y eso es lo que le gustaba a la gente, iban a la segura cuando me preguntaban por una película de algún género y francamente les decía de repente ‘se va aburrir’, ‘esa película es lenta’, ‘realmente es mala’, ‘tiene buenos actores’, ‘buenas tomas fotográficas’ y así sucesivamente con otras. En ese tiempo hubo harto cine arte que estaba en VHS y que también se arrendaba muy bien”.

El videoclub también era un punto de encuentro social y familiar. “Conocí a todo el pueblo, yo siendo un forastero que llegó, al final conocí a todo el pueblo porque era la única entretención como que podías llevar a tu casa. Era super entretenido trabajar ahí”.

El lugar estaba sobre los helados Savory, lo que hacía que el ambiente fuera aún más agradable. “Estábamos arriba de los helados Savory, entonces había una onda muy buena porque abajo se vendía la música, al lado estaban los helados, una gelatería que ahora ya no está, el otro día pasé por ahí y ya no está, y en el segundo piso estaba el videoclub. Era super lindo el ambiente, hice amistades, gente que le encantaba el cine, gente mayor, gente famosa que también iba a arrendar películas ahí, por ejemplo Germán Casas de Los Ramblers, la misma Carola de Moras, super joven, una niñita como recién iniciándosela en el modelaje, Patricia Maldonado y así conocí bastante gente. El ambiente era muy bueno, todo muy sano”.

Como todo negocio de la época, TIME tuvo sus momentos curiosos y anécdotas. “Después las anécdotas pueden ser cuando llegó el softcore, un cine erótico sin mostrar más que lo típico. Como que las llevaban escondidas, se tuvieron que comprar unas bolsas negras para que las llevaran porque al principio la gente se llevaba las películas en la mano y después había bolsas negras para que la gente pudiera llevar el softcore y uno que otro mal intencionado te preguntaba si tenías alguna película prohibida por ahí. Siempre llegaban con ese tipo de preguntas, pero nunca hubo películas así. El Tommy siempre fue muy legal, muy pegado a las reglas del momento, siempre pasaban a revisar que las películas fueran originales con el sello. No había ninguna película pirata”.

Con el tiempo, TIME evolucionó hacia los DVD y los videojuegos. “Después de eso yo dejé el video, me fui a otro trabajo y después con los años volví un tiempo, como a los seis años después cuando el videoclub estaba en la esquina, donde ahora hay una farmacia. Ahí había evolucionado, ya no habían VHS, era todo DVD. Había arriendo de videojuegos, entonces se llenaba de cabros chicos también e igual los niños te hablaban de los juegos. Ahí pasé un tiempo. Era todo distinto, ahora había un computador, ya no estaban las tarjetas. En seis años fue un cambio radical, ya no iban las mismas personas, iban los hijos, los mismos cabros chicos que yo conocí ya eran grandes, tenían su señora”.

La pasión por las películas y la interacción con los clientes dejó recuerdos inolvidables. “Había gente que podía estar toda la tarde esperando una película porque se la habían recomendado. Entonces si llegaba la película, esa era la persona que la iba a tener porque le estaba haciendo la guardia, era solo para él. En los concursos el videoclub TIME siempre regalaba tres arriendos de los estrenos, estaban clasificadas así. Después de que pasaban tres meses, se volvían una película normal”.

El videoclub TIME no fue solo un lugar para arrendar películas, sino un espacio de encuentro, diversión y cultura popular que marcó una generación en Curacaví.