La concejala de Curacaví por el Partido Socialista, Marcela Sepúlveda, entregó su visión sobre los desafíos actuales de la comuna, apuntando a la necesidad de avanzar hacia una mayor planificación y una gestión más conectada con la vida cotidiana de las personas.
De profesión trabajadora social titulada de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), cuenta con una amplia trayectoria en el ámbito público. Llegó a Curacaví en 1995 para desempeñarse en el Departamento Social de la Municipalidad, iniciando así su vínculo con la comuna. Entre 2001 y 2013 fue presidenta de la Asociación de Funcionarios del Hospital de Curacaví y en la actualidad, continua ligada al recinto de salud, donde ha ejercido distintos cargos.
En el ámbito político, se ha desempeñado como concejala en los periodos 2016-2021, 2021-2024 y desde 2024 a la fecha, acumulando cerca de una década en el concejo municipal, experiencia que, según plantea, le ha permitido conocer de cerca el funcionamiento del municipio y sus principales desafíos.
Durante la entrevista, Marcela Sepúlveda aborda temas como la fiscalización municipal, el desarrollo local y el impacto del proyecto de ampliación de la Ruta 68, uno de los temas que hoy genera inquietud en la comunidad.
En ese contexto, sostiene que “el concejo podría estar cumpliendo mucho mejor su rol fiscalizador”, relevando la importancia del control en la gestión pública.
Asimismo, al referirse al proyecto de la Ruta 68, advirtió que “hoy hay más preguntas que certezas”, insistiendo en la necesidad de mayor claridad e información para los vecinos.

A continuación, revisa la entrevista completa en formato pregunta y respuesta:
— Usted está en su último periodo como concejala en Curacaví, ¿cómo evalúa su trayectoria y qué le ha dejado este tiempo en el servicio público?
«Ha sido una trayectoria marcada por mucho aprendizaje, por contacto permanente con la realidad de los vecinos y vecinas, y también por una mirada cada vez más clara de las necesidades que tiene Curacaví. Me ha tocado conocer de cerca cómo funciona el municipio, sus fortalezas, pero también sus debilidades, sus lentitudes y sus falencias de gestión.
He tratado de ejercer este cargo con seriedad, levantando problemáticas, fiscalizando cuando ha sido necesario y representando inquietudes que muchas veces no encuentran respuesta con la rapidez que la gente espera. Este tiempo me ha dejado experiencia política, experiencia institucional y también una preparación mucho mayor para comprender los desafíos de la comuna con una mirada más amplia. Hoy tengo la convicción de que Curacaví necesita más planificación, más decisión y una gestión mucho más conectada con la vida cotidiana de las personas».
— Le ha tocado ejercer durante distintas administraciones, ¿qué aprendizaje le deja esa experiencia como fiscalizadora del municipio?
«Me deja un aprendizaje muy claro: los problemas de gestión no dependen solo de quién administra, sino también de la capacidad real de gobernar bien, planificar y rendir cuentas. He visto que muchas veces se repiten desórdenes, falta de prolijidad y prácticas que finalmente terminan afectando directamente a los vecinos y vecinas.
Como fiscalizadora, una aprende que no basta con escuchar explicaciones; hay que revisar, preguntar, insistir y exigir. Porque cuando el control falla, cuando no se cuestiona y cuando no se deja constancia, quienes terminan pagando el costo son siempre las personas. Fiscalizar no es obstaculizar; fiscalizar es defender el interés público, cuidar los recursos municipales y exigir que la gestión esté realmente al servicio de la comuna».
— ¿Ha habido situaciones durante su periodo donde la fiscalización haya sido especialmente compleja o relevante?
«Sí, varias. Y han sido complejas precisamente porque en los municipios muchas veces existe resistencia a una fiscalización real, seria y constante. Cuando una concejala cumple su rol con convicción, hace preguntas incómodas, pide antecedentes y no se conforma con respuestas superficiales, naturalmente se generan tensiones.
Pero además hay que decir algo que muchas mujeres en política hemos vivido: cuando quien fiscaliza es una mujer, muchas veces la resistencia es aún mayor, simplemente por el hecho de ser mujer. Se cuestiona más el tono, se personaliza más la crítica y a veces se intenta deslegitimar una labor que no es otra cosa que cumplir con el deber que la ciudadanía nos encomendó. Eso también revela una cultura que todavía tiene dificultades para aceptar a mujeres firmes, fiscalizadoras y con opinión propia.
Pero justamente por eso una no puede retroceder. La fiscalización no está para decorar la institucionalidad; está para proteger los recursos públicos, exigir transparencia y evitar que la comuna siga normalizando malas prácticas o decisiones poco claras».
— ¿Cree que hoy el concejo municipal está cumpliendo adecuadamente su rol fiscalizador?
«Creo que el concejo podría estar cumpliendo mucho mejor ese rol. Muchas veces la fiscalización se ejerce de manera insuficiente, reactiva o demasiado limitada, y eso no le hace bien a la comuna. Un concejo no puede transformarse solamente en una instancia que recibe información y vota; tiene que estudiar, cuestionar, hacer seguimiento y defender el interés público.
Cuando eso no ocurre con la fuerza necesaria, se debilita uno de los contrapesos más importantes que tiene la democracia comunal. Yo creo que la comunidad espera de sus concejales no solo presencia en las sesiones, sino también preparación, carácter y voluntad real de controlar la gestión municipal»
— ¿Cómo evalúa el nivel de respeto y diálogo dentro del concejo municipal, y qué cree que se podría mejorar en ese aspecto?
«El respeto institucional siempre debe mantenerse, pero eso no significa callar frente a lo que está mal ni renunciar al debate político. Al contrario: quienes ocupamos espacios de representación tenemos que estar dispuestos a dialogar, a discutir políticamente y a respetar todas las posiciones, incluso cuando no coinciden con la propia.
Y creo que ahí hay una debilidad que no solo se observa en la administración actual, sino que también se ha repetido en administraciones anteriores. Muchas veces se instala una lógica en la que pareciera esperarse que todo lo que propone la administración se apruebe sin mayor cuestionamiento, y cuando hay discrepancias o una opinión distinta, en vez de asumirse como parte natural de la democracia, se interpreta casi como un problema.
Eso no le hace bien a la comuna. Una gestión sana debe ser capaz de escuchar, de aceptar diferencias y de entender que no estar de acuerdo también es parte legítima del ejercicio democrático».
— Uno de los temas que genera preocupación es el proyecto de la Ruta 68, ¿qué información maneja sobre su desarrollo en el tramo que involucra a Curacaví?
«Lo que hoy existe en los antecedentes públicos es un proyecto de gran envergadura, ya adjudicado, que considera a Curacaví dentro del trazado de la nueva concesión. Según la información oficial del MOP, se trata del mejoramiento y ampliación de capacidad de la Ruta 68 y sus ramales, con una longitud aproximada de 140,92 kilómetros. La ficha oficial además consigna que Curacaví está entre las comunas involucradas, que la concesión se inició el 9 de mayo de 2025 y que, al menos en el antecedente de noviembre de 2025, no había obras en ejecución. También se contemplan ampliaciones de calzada, una nueva calzada reversible entre aproximadamente el km 17 y el km 109,6, además de calles de servicio, pasarelas, paraderos y sistema de cobro free flow. Por lo mismo, creo que todavía hay más preguntas que certezas para la comunidad, y se requiere información clara, oportuna y transparente».

— En ese contexto, ¿qué podría ocurrir con sectores como Avenida Circunvalación? ¿Existe riesgo de afectación con una eventual ampliación?
«Respecto de sectores como Avenida Circunvalación, creo que aquí lo responsable es no minimizar la preocupación de los vecinos. Sí sabemos por los antecedentes oficiales que el proyecto tendrá impacto en Curacaví, pero no he visto todavía una claridad suficiente, pública y detallada respecto de todas las afectaciones específicas que podrían producirse en cada sector de la comuna. Y justamente ese es parte del problema: cuando un proyecto de esta magnitud avanza sin certezas claras para la comunidad, la inquietud crece y se instala la sensación de que los vecinos podrían enterarse tarde de decisiones que afectan directamente su vida cotidiana.
Por eso creo que cualquier eventual afectación, expropiación, modificación de accesos o alteración del entorno debe transparentarse oportunamente, con planos claros, participación real y una defensa firme de los intereses de Curacaví».
— ¿Cómo cree que este proyecto podría impactar en la vida cotidiana de los vecinos de la comuna?
“Puede impactar muchísimo, y por eso es tan importante abordarlo con seriedad. Un proyecto de esta magnitud no se reduce a una obra vial: puede afectar accesos, desplazamientos, ruido, seguridad, tiempos de traslado y calidad de vida. Por supuesto, una obra así puede traer mejoras en conectividad y estándar vial, pero el punto central es otro: cómo se resguardan los derechos e intereses de quienes viven en la comuna.
Cuando la información llega tarde o no es suficientemente clara, lo que se genera es incertidumbre en las familias y en los sectores que podrían verse involucrados. El desarrollo no puede imponerse sin diálogo ni claridad; tiene que construirse poniendo al centro a las personas.” 
— ¿Qué análisis hace hoy de la situación de Curacaví en áreas como desarrollo, servicios y calidad de vida?
«Mi impresión es que seguimos administrando la contingencia, en vez de construir un proyecto de comuna serio que permita mejorar de verdad la calidad de vida de los vecinos. Curacaví necesita urgentemente una visión de futuro clara, con más trabajo, más desarrollo y más oportunidades para todos los grupos etarios de la comuna.
Creo que Curacaví está muy al debe en varias áreas. Es una comuna con enorme potencial, con identidad, con ubicación estratégica y con una comunidad muy activa, pero que no ha logrado transformarse al ritmo que necesita. Persisten déficits en servicios, en planificación, en infraestructura, en conectividad y en respuesta a problemas cotidianos».
— ¿Qué cambios ha observado en la comuna desde el último cambio de administración?
«Todo cambio de administración genera expectativas, pero la evaluación real hay que hacerla en función de los resultados. Y creo que hoy todavía hay muchas áreas donde la comuna no ve mejoras suficientemente claras. La ciudadanía espera orden, capacidad de gestión, prioridades bien definidas y soluciones concretas, no solo anuncios.
Más que un cambio profundo, lo que muchas veces se percibe es que persisten problemas estructurales que no se han abordado con la decisión ni con la planificación que Curacaví necesita. Y eso es preocupante, porque cuando una comuna no logra salir de la lógica de la contingencia, termina postergando su desarrollo».
— Si tuviera que resumir en una frase el principal desafío que enfrenta hoy Curacaví, ¿cuál sería?
«El principal desafío de Curacaví es dejar atrás la improvisación y construir un verdadero proyecto de comuna, ciudadano, serio y con políticas públicas de corto, mediano y largo plazo.
Curacaví requiere urgentemente generar una visión de futuro, de trabajo y de oportunidades para todos los grupos etarios. No basta con administrar lo inmediato; necesitamos una comuna pensada con planificación, con sentido de desarrollo y con una mirada que realmente mejore la vida de las personas».
— Pensando en el futuro, ¿se proyecta como candidata a la alcaldía en 2028 o hoy su foco está en cerrar este ciclo como concejala?
«Hoy mi principal foco está en este periodo, en seguir representando las problemáticas de los vecinos y vecinas, fiscalizando y trabajando con responsabilidad por las necesidades de la comuna. Mi prioridad sigue siendo ejercer bien el mandato que la comunidad me entregó y mantenerme cercana a las inquietudes reales de Curacaví.
Pero también creo que Curacaví necesita abrir una reflexión profunda sobre su futuro, sobre el tipo de liderazgo que requiere y sobre la necesidad de construir un proyecto comunal serio, ciudadano y con políticas públicas de corto, mediano y largo plazo. Claro que una puede estar disponible para asumir nuevos desafíos, pero aquí no se trata solo de una persona. Se trata de convocar a todas aquellas personas, profesionales, trabajadores y trabajadoras que quieran y crean en Curacaví de corazón.
Nuestra comuna necesita equipos con competencias, con una mirada íntegra, con trayectorias de trabajo responsables y con formación en distintas áreas, para que sean los mejores equipos los que puedan conformar el municipio del futuro. Porque los desafíos de Curacaví no se resuelven desde lo individual, sino desde un proyecto colectivo, serio y con capacidad real de gestión».









