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Vecinos de la villa San Francisco mantienen viva una tradición navideña hace más de 30 años

Cada diciembre, los vecinos del pasaje Gerardo Rebolledo, en la villa San Francisco de Curacaví, se reúnen para compartir una convivencia navideña que ya supera los 30 años de historia. No se trata solo de una celebración, sino de una tradición que ha fortalecido los lazos entre generaciones y ha convertido al pasaje en una verdadera familia.

Según relata Magda Pino, una de las vecinas históricas del sector, la iniciativa nació poco después de la llegada de las familias a la villa, a fines de los años 80.

“Esta iniciativa de reunirnos como vecinos surgió cuando llegamos a la villa en el 89 y se consolidó a fines de los 90, cuando quisimos hacerle algo bonito a los niños del pasaje, porque había muchos niños”, recuerda.

Con el tiempo, la convivencia fue creciendo y sumando nuevas instancias. Primero pensada para los más pequeños, luego se amplió también a los adultos.

“En Navidad hacíamos algo para los niños y en Año Nuevo nos juntábamos los adultos a hacer un asado”, explica.

Una tradición navideña que trasciende las casas

Hoy la participación no se mide solo por quienes viven actualmente en el pasaje. “Hay familias que ya no viven acá, pero vuelven porque crecieron con esta tradición. Yo creo que unas diez familias están involucradas de alguna manera”, comenta Magda.

La motivación, asegura, no cambia con los años. “No es que cada año haya una motivación distinta. Es algo que quedó establecido desde siempre y que muchos esperamos, porque durante el año casi no nos vemos”.

Para ella, el sentido de esta convivencia es claro: “Un pasaje es una familia y hay que estar bien con el vecino de al lado y cuidarnos mutuamente”.

Compartir de forma simple y voluntaria

Uno de los sellos de la actividad navideña es su organización sencilla y sin imposiciones. “Acá cada cual pone cosas. Si en mi casa somos cuatro, traigo cuatro presas. Una bebida por casa, compartimos las ensaladas. No es un costo alto”, explica.

Lo mismo ocurre con los adornos y las actividades, que se arman entre todos según lo que cada vecino puede aportar. El tradicional amigo secreto se realiza solo con quienes desean participar. “Es libre, no es una cosa impuesta y se va preguntando casa por casa”, señala.

Recuerdos que siguen presentes

A lo largo de más de tres décadas, la convivencia también ha sido un espacio para recordar a los vecinos que ya no están. “Compartimos el dolor de los que partieron. 

Los recordamos en una foto o en algo significativo. Aunque no vivan acá, o aunque su mamá ya no esté, las familias siguen viniendo”, relata con emoción.

Incluso algunas tradiciones se mantienen como homenaje. “Una vecina que falleció hacía el pebre, y ahora la hija lo sigue trayendo para continuar con lo mismo”, cuenta.

Un mensaje para la comunidad en esta epoca navideña

Aunque hoy quedan pocos niños en el pasaje, los vecinos esperan que nuevas generaciones puedan crecer en este ambiente de confianza y buena vecindad.

“Queremos seguir haciendo esto porque nos ayuda a tener más confianza entre nosotros, no solo para pasarlo bien, sino para estar en las buenas y en las malas”, afirma Magda.

Finalmente, deja un mensaje que apunta más allá de la villa San Francisco. “Esta es una iniciativa que podría repetirse en otros pasajes y villas. Como vecinos necesitamos confiar en el otro. A veces el vecino termina siendo la familia que uno tiene cerca, y compartir lo que tenemos hace que la Navidad tenga un sentido bonito para todos”.

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