Entender Curacaví va más allá de ubicarlo en un mapa. Su forma, sus cerros y sus quebradas influyen directamente en cómo se mueve el agua, cómo se habita y cómo se relacionan las personas con su entorno.
Desde la geografía, es posible entender estas dinámicas con mayor claridad. Así lo explica Isidora Ampuero, geógrafa con interés en temas ambientales y uso del territorio.
“Curacaví es especial porque combina condiciones naturales y ubicación estratégica. Se encuentra ubicado en un valle de la Cordillera de la Costa, lo que genera un paisaje relativamente cerrado, con cerros que lo rodean”, comenta.
Comprender cómo funciona Curacaví implica mirar más allá de su paisaje. Su geografía define procesos clave que muchas veces pasan desapercibidos.

“Los cerros y quebradas cumplen un rol fundamental porque guían el movimiento del agua en el territorio. Cuando llueve, el agua escurre por las laderas y se concentra en las quebradas, que actúan como canales naturales”.
Parte de esa agua continúa su recorrido en esteros, pero otra parte se infiltra en el suelo, alimentando las napas subterráneas.
Estas reservas cumplen una función clave, especialmente en contextos de menor disponibilidad hídrica.
“La relevancia de las napas subterráneas es que actúan como reservas de agua dulce bajo el subsuelo, fundamentalmente para el soporte ecológico y abastecimiento local, especialmente en tiempos de sequía”, asegura, Isidora.

Curacaví tiene protección parcial
En ese contexto, también es posible observar elementos relevantes en términos ambientales, que permiten comprender mejor las características del territorio.
“Que tenga alto valor ecológico significa que se reconoce que aquí hay ecosistemas importantes y especies protegidas como el Belloto del Norte y el Guayacán por nombrar a algunos. Curacaví se encuentra dentro del Sitio Prioritario para la Conservación ‘El Roble’, pero no equivale a protección total, ya que siguen existiendo presiones como las intervenciones mineras”.
En paralelo, el uso del territorio va generando nuevas dinámicas. El crecimiento de la comuna, por ejemplo, introduce cambios en la relación entre las personas y el entorno natural.

“El crecimiento de la comuna no siempre es compatible con cómo funciona su geografía. El crecimiento poblacional genera mayores presiones hídricas, donde su disponibilidad es limitada”, advierte.
Factores como la ubicación de viviendas o la cobertura vegetal influyen directamente en el estado del suelo. “Cuando las viviendas se sitúan en laderas, aumentan los problemas de erosión y se localizan en zonas de riesgo. A esto se suma la pérdida de cobertura vegetal, que funciona como una capa protectora para el suelo y sin ella, habría una mayor degradación del suelo”.
A esto se suman los efectos de los incendios forestales, que han incidido en el territorio en los últimos años. “Los incendios forestales dejan cambios drásticos en el territorio, uno de los efectos es la pérdida de vegetación que cumple un rol fundamental en la protección del suelo y la infiltración del agua durante las precipitaciones. Cuando ocurren incendios forestales, no solo hay pérdida de la cobertura vegetal, sino que el suelo queda expuesto a la erosión, y también los ecosistemas y flora nativa tardan más tiempo en recuperarse”.
Uso del territorio
Tras estas situaciones, el comportamiento del suelo también cambia frente a distintos escenarios climáticos. “Un territorio se vuelve vulnerable frente a la sequía, ya que el suelo queda más expuesto y retiene menos humedad al no tener vegetación. Además, frente a lluvias intensas, el agua escurre más rápido porque no hay vegetación, ni raíces que estabilice el suelo. Por ende, puede generar problemas de erosión, aumentar el riesgo de movimientos en masa, incluso provocar inundaciones o anegamientos hacia sectores habitados”.
A futuro, es posible observar la continuidad de algunos procesos. “Durante los próximos años en Curacaví, es probable que se intensifiquen algunos procesos que ya están ocurriendo. Especialmente, la fragmentación del paisaje, pérdida de la cobertura de vegetación nativa y estrés hídrico”.
Frente a este escenario, la geógrafa Isidora Ampuero plantea la importancia de comprender y planificar el territorio. “El objetivo no es detener el crecimiento, sino que orientar de mejor manera en cómo se ocupa el territorio, considerando el entorno natural para que sea sostenible en el tiempo”.










