Enna Pérez, vecina de 71 años, llegó a Curacaví tras un largo recorrido personal marcado por inquietudes que la han acompañado desde temprana edad.
Esa sensación, lejos de desaparecer, fue creciendo con el tiempo y se transformó en preguntas que marcarían su forma de ver la vida.
“Yo le decía al profesor de filosofía, la vida no puede ser tan insulsa como nacer, crecer, ir al colegio, trabajar, casarse y después morirse. Tiene que tener un sentido”, recuerda.
Pero su inquietud, lejos de disiparse, se fue intensificando con los años. Enna creció en un entorno religioso, donde sus dudas no siempre encontraban respuesta. “Me decían ‘cállese, son misterios del Señor’. Y no había más explicación”, cuenta Enna Pérez.
Con el tiempo, esa búsqueda se volvió personal. “Caminaba por las calles y me sentía como que no pertenecía a este mundo. Observaba a las personas y no entendía por qué decían una cosa si sentían otra”, asegura.
Durante su juventud, mientras muchas de sus compañeras proyectaban una vida tradicional, ella se mantenía en una posición más observadora. “Iba a las fiestas del colegio y me sentaba a mirar. Me preguntaba: ¿esto es la felicidad? ¿Qué pasa cuando se termina la música?”, relata.
Una vida entre lo esperado, las dudas y un viaje que lo cambiaría todo
Ya en la adultez, Enna Perez siguió el camino habitual de las personas de la época. Se casó y formó una familia. Sin embargo, sus cuestionamientos no desaparecieron. “Hacer los quehaceres de la casa, criar los hijos no era suficiente. Tenía que haber un sentido más de vida”, afirma.
“Yo decía: ¿cómo voy a traer un hijo al mundo en esta situación? No lo entendían”, recuerda.
Pese a esas dudas, fue madre, y en esa etapa encontró una pausa en su búsqueda. “Me enamoré de mi hija. En ella encontré algo prístino, puro. Fue un momento de detención”.

A los 31 años, su vida tomó un giro importante: viajó a India, motivada, según explica, por su interés en la espiritualidad. “Fue impactante. No podía creer que existiera un país así, con una espiritualidad tan grande y al mismo tiempo con tanta pobreza”. Y añade que “me quedé impactada con la cultura de ellos y la aceptación de esa forma de vida. Sentí como un reencuentro, como si en alguna vida yo hubiese estado ahí”.
De regreso en Chile, Enna estudió Relaciones Públicas y trabajó en el mundo empresarial, donde enfrentó uno de sus mayores conflictos. “Me iba bien, pero tenía que hacer cosas que no iban con mis principios. Decir cosas que no eran verdad. Eso era muy difícil para mí”, señala.
Ese choque entre sus creencias y el entorno laboral marcó una etapa compleja. “Era un conflicto constante. No era lo económico, era contrariar mis principios”, explica.
Una vida que decantó en Curacaví
Con los años, su camino continuó entre viajes, estudios y experiencias personales hasta que decidió radicarse en Curacaví. Ella conoció la comuna mientras buscaba desarrollar actividades vinculadas a su interés por el trabajo con caballos.
“Me enamoré de este pueblo. Yo quiero vivir acá”, cuenta.
Hoy, con 71 años, Enna Pérez mira su vida como un proceso de aprendizaje. “Antes vivía con la mente en el cielo y no me encontraba en la tierra. Ahora tengo los pies en la tierra, pero el corazón y la mente en el cielo”, reflexiona.
Su historia, atravesada por preguntas, decisiones y búsquedas personales, es también la base de un libro donde decidió dejar registro de su recorrido por el mundo espiritual.
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